jueves, 15 de junio de 2017

Hermosos y malditos - Fitzgerald

¿Qué hacen los afortunados que nacen sobre una cama de dinero?
¿Cómo se plantean su vida cuando solo tienen que pensar en qué entretenerse?

¿Para qué trabajar?

Los años del jazz. Champán. Fiestas. La ley seca.
La gente considera un símbolo de estatus social gastarse su fortuna y no hacer absolutamente nada por aumentarla. Fitzgerald nos regala unos personajes egoístas, malcriados y totalmente inútiles:

La protagonista femenina es increíblemente bella, tanto que es lo único que le importa, la belleza y su juventud, es un personajes absolutamente superficial que no tiene ningún tipo de conversación que no sea sobre ella. Le aburre mortalmente todo lo contrario.

El protagonista masculino evidentemente se enamora perdidamente de ella, y ella cae seducida porque va a ser heredero de una basta fortuna, o al menos eso piensan ambos. El tema de la herencia se complica cuando ambos están casados y no hay remedio, tras ser desheredado les toca remar contra corriente sin apenas ingresos, ya que en esa época las mujeres solían trabajar y la altiva protagonista no se puede rebajar a hacer alguno de los trabajos para los que no son necesarios requisitos previos.

Él es incapaz de dirigir su vida y cae en la bebida, arrastrando a su mujer a la ruina, sin dejarla ni tan siquiera probar fortuna con sus contactos, ya que tiene celos terribles del impacto de la belleza de ella en otros hombres... aunque eso no le impide engañarla con una chiquilla de pueblo que ni siquiera es una chica especial. Le he detestado desde el primer capítulo.

Para cuando se ha producido el cambio el cambio en los personajes, ya les había cogido una manía terrible y eso perjudica el juicio que estoy  haciendo de ellos. Realmente pensándolo en frío es una transformación muy rica y muy bien narrada.

Lo siento porque es un gran autor, pero se me han hecho largas tantas páginas para tan parco retrato social.

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