miércoles, 5 de octubre de 2016

El vino de la soledad - Irène Némirovsky

Los libros melancólicos con personajes desgraciados tienen algo que nos atrae. Leer las desdichas de una familia rusa acomodada en un tiempo sangriento nos traslada a sus salones, a un tiempo de guerras y de dinero, donde los matrimonios son de conveniencia y los amantes casi una obligación.
La novela abarca toda la adolescencia de Elena, una niña que cimenta su vida en el odio, a todos y a todo. Como en otras novelas de Némirovsky podemos encontrarnos el tema de la maternidad como una difícil relación madre-hija y a un personaje cuya única preocupación en la vida es no envejecer.
Personalmente no creo que el único tema sea la venganza de la niña contra la madre, eso haría que perdiéramos muchas cosas por el camino, nos estaríamos dejando los coqueteos con la edad adulta de Elena y su fuerte dilema al crecer. En mi opinión si la novela hubiera abarcado unos cuantos años más, habríamos descubierto que la niña de adulta se parecería bastante a su madre y se habría vuelto mezquina y cruel.
A pesar de su brevedad, hay un tramo que se me ha hecho un poco cuesta arriba, si bien su estilo es impecable y me trae a la memoria el de Nada de Carmen Laforet (que recomiendo fuertemente, es una de las joyas de la literatura sencilla) y como muchas otros libros nos traerá a la cabeza la famosa frase inicial de Ana Karenina: "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada."

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